Cristo a través de la Culpa – Sahir Akel

Quisiera recordar algunos puntos del Mensaje “Cristo a través de la Tristeza”. Aprendimos que existen dos tipos de tristezas, “la tristeza originada por el mundo y la tristeza según Dios”. Estas dos clases de tristezas, son similares a simple vista, sin embargo, en esencia y resultado son diferentes.

Una trae separación. Decíamos en el mensaje anterior, que la muerte no tiene poder sobre la Vida de Dios, no puede destruir la Vida de Dios en nosotros. Pero avanza para separarnos de esa Vida. Recordemos las palabras de Jesús en el libro de Juan, “Separados de mí, nada pueden hacer” ¿Cómo se origina la separación? Por medio del engaño en la mente y este engaño, nos deja como resultado el gobierno de la muerte. Así opera la tristeza ocasionada por el mundo. Ingresa con engaño y nos va secando.

La tristeza según Dios, es aquella que Dios mismo origina a través de Su Voz. Donde nos expone frente a un espejo personal y nos habla de cuestiones muy internas y profundas. Sin embargo, como expresa Pablo a los Corintios, “de esta clase de tristeza no hay que arrepentirse” ¿Por qué? Porque produce una activación, un despertar, un deseo de tomar decisiones para revertir una condición espiritual cómoda o errónea.

Quisiera tomar como ejemplo de la tristeza según Dios, la conversación entre Jesús y Pedro, que nos permitirá entender mejor lo que hablamos y entrar al tema de la Culpa.

Dice en Juan 21:15-17 | RV60 “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas…”

Pudiéramos decir mucho sobre este pasaje que leímos, pero solo quiero detenerme en la reacción de Pedro. La Biblia dice que, “él se entristeció porque Jesús le pregunto por tercera vez si lo amaba” esto es muy profundo y a la vez necesario.

Jesús conduce a Pedro a la profundidad de su corazón para ser examinado, para que encuentre allí, la razón de su posición y la condición de su vida espiritual.

La tristeza que se le origino a Pedro, fue provocada por Dios. Por la Voz de Jesús. Por sus preguntas que parecieran repetitivas, pero no lo son, porque contenían el poder de una Voz que deja expuesto el corazón a la Verdad. De tal manera, que llevaron a Pedro a pensar, replantearse y porque no, a entrar en una crisis. La crisis típica que produce la tristeza según Dios.

Hermanos, cuando comprendemos la tristeza según Dios, ya no nos sentimos ni acusados, ni culpables, sino Amados y Responsables de cuidar de la mejor manera este Amor.

Identificar con claridad mi estado de ánimo, me permitiría entender la operación de estas dos emociones que, prácticamente, caminan de la mano. La tristeza y La culpa.

Aunque esta última no aparece en escena en la conversación entre Jesús y Pedro, es inevitable pensar que, “la Culpa opera conjuntamente con la tristeza”. Ahora pensemos esto, según sea la tristeza que me gobierna, también será la culpa que me acusa.

¿Qué quiero decir? He visto a muchos hijos de Dios que no pueden discernir la función de la tristeza, como tampoco, saben discernir la función de la culpa. Como resultado, deja Separación espiritual de Dios o motivaciones nacidas por el pensamiento de Culpa y no por la guía del Espíritu Santo.

Quisiera detenerme en algo que puede liberarnos de la presión que sentimos en ocasiones: “Muchos saben que fueron perdonados de sus pecados, sin embargo, todavía no fueron liberados del sentimiento de culpa”.

Este punto es muy importante y requiere de mucha honestidad personal, para no cometer el error de ya no sentir dolor o convicción de pecado.

“Si no entendemos que fuimos perdonados, entonces la culpa será utilizada por el diablo como acusación al Alma, generando presión”

Recordemos lo que expresa Apocalipsis 12:10 | RV60 “…porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche…”

¿Entendemos por qué la culpa tiene tanto éxito en nosotros? Claramente, esto que leemos en Apocalipsis, todavía no tuvo su cumplimiento, es decir, “al diablo todavía no le ha llegado su fin y es por eso que las acusaciones son permanentes…”.

El diablo es experto en acusar y sabe cómo utilizar la culpa para mantenernos separado de Dios.

“La acusación necesita de un error para afirmar el sentimiento de culpa y la tristeza del mundo” Sin embargo, Dios utiliza ese error, no para culparnos, sino, para producir convicción de pecado.

“Todo lo que es nacido de una culpa que nos acusa, no es nacido de Dios” Algunas personas Adoran a Dios por Culpa, sirven a Dios por Culpa… Son generosos por Culpa… es decir, la Culpa los motiva a hacer algo que no pueden sostener con el tiempo y que, al dejarlo de hacer, termina fortaleciendo esta clase de culpa diabólica. Esto no nos permite disfrutar la Libertad en Cristo, como tampoco, la Libertad de edificar una Identidad fuerte en Cristo.

¿Cómo vemos a Cristo a través de la culpa? Cuando entendemos de Convicción. La Convicción es una especie de culpa que nos impulsa al Arrepentimiento, no a la condenación.

La palabra Convicción en la Biblia, proviene de la palabra hebrea “Emunah” que significa, “Fidelidad” “Fe” “Verdad” “Firmeza”.

Aquí encontramos una gran diferencia entre la culpa que acusa y la Convicción. Es decir, por la Convicción que tenemos en Cristo, cuando hacemos algo que no debemos, es la propia “Fidelidad, Fe, Verdad que nos gobierna, que nos aflige en el interior para ser libres de todo engaño… No nos condena, ni nos quita de la Vida de Dios, nos corrige” Cristo opera allí. Su Vida se manifiesta allí.

“Dios siempre estará presente en los procesos que produce la Convicción. Pero nunca negociara con la culpa que nos acusa…”

Porque Él no es acusador, es Consolador y por Amor Exhorta. (Entendiendo la responsabilidad de reconocer mi condición, esta es la clave para la manifestación de la Vida de Dios)

¿Por qué nos sentimos culpables de algo que quizás ya fuimos perdonados? No existe razón alguna para insistir con una culpa que ya fue quitada. Dios no está en ese asunto.

¿Cómo puedo ser libre de la Culpa que me acusa?

Dice el Salmo 32:3-6 | NTV “Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día. Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano. Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: “Le confesaré mis rebeliones al Señor”, ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció. Por lo tanto, que todos los justos oren a ti, mientras aún haya tiempo, para que no se ahoguen en las desbordantes aguas del juicio”

Es tan simple como lo expresa David. La falta de confesión a Dios, produce una pesada carga y es saludable detenernos unos minutos para reflexionar en esto.

Muchos hermanos, están “a solo una confesión real de su libertad”, sin embargo, no lo hacen. Es mucho más difícil vivir con esa carga que consume, que reconocerla y caminar en integridad.

David utiliza la palabra “Finalmente”, esto marca el quiebre para la transformación. La culpa que acusa, deja de operar cuando “finalmente” tenemos Convicción de pecado. Esta Convicción genera Perdón, el perdón genera Libertad y en la Libertad no hay acusación.

“Dios está levantando una Iglesia libre de culpa, pero profunda en responsabilidad. Que Cuida responsablemente la Vida. Que Adora por convicción y no por culpa”

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